Estaba sentado sobre la balaustrada del balcón de mi habitación, contemplando frente a mí el espectáculo de las olas del mar golpeando las rocas de los acantilados, a veces de forma suave, casi acariciándolas, otras con furia, saltando la espuma casi hasta el borde de la carretera.
Las aguas se teñían de diversos tonos según el vaivén de las nubes y el disco rojo del sol que va cayendo...
Y ahí, arrullado por la brisa marina deseaba con todas mis fuerzas que tú estuvieras ami lado y pudieras contemplar ese hermoso paisaje conmigo; tu cabecita recostada sobre mi hombro, mis brazos rodeando tu cintura, mis labios rozando tu cuello... pero no estás aquí, estás lejitos aunque espero que no sea por mucho tiempo.
Ese es el deseo que lanzo a las profundas aguas del Mediterráneo, que algún día no muy lejano, puedas contemplar conmigo una puesta de sol frente al mar...

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